Tradición manchega y alta cocina se dan la mano en El Bohío

Así a bote pronto, si os decimos: Morteruelo, pisto, callos, ensaladilla, garbanzos o sopa de nabo, ¿quién de vosotros pensaría en un restaurante de cocina creativa? No os vengáis arriba, porque sabemos que la respuesta es NADIE.

Pues bien, ese es el secreto de El Bohío, el restaurante del celebérrimo presentador de Master Chef Pepe Rodríguez y su hermano Diego, que han sabido convertir la casa de comidas abierta en ¡1934! por, entre otros, su abuela, en una referencia para los amantes de las buenas mesas de Madrid y alrededores. Y es que El Bohío está a escasa media hora de la capital, en el toledano pueblo de Illescas, en la antigua carretera Madrid-Toledo para más señas.

El pasado mes de Noviembre, y con motivo de una celebración familiar, pudimos cumplir el deseo de visitarlo y comprobar el porqué de su Estrella Michelín, más que merecida a nuestro juicio.

Reservamos con bastante tiempo de antelación (existe opción de reservar por http://www.eltenedor.es) eligiendo el menú más barato de los tres que proponen. Aunque a veces vendamos lo contrario, somos gente trabajadora y nos cuestan un triunfo nuestros caprichitos gastronómicos. De hecho, nuestra presencia allí, como en el resto de restaurantes de postín que hemos visitado, supuso un descenso de diez puntos en el PIB de la sala, en la que ese día nos deleitó con su presencia, su delicado acento afrancesado y su pelazo: José Bono, ejemplar ilustre de la fauna política ibérica de ayer y siempre.

Pero volvamos al tema de los menús. El elegido por nosotros (“menú del día”, en homenaje al pasado como casa de comidas del restaurante) y que ahora pasaremos a relataros era 45 euros + IVA, pero además cuentan con otros dos más (“de temporada” y “degustación” por 70 y 110 euros + IVA respectivamente). Bebida aparte, obviamente. Total, que la cosa se nos puso en 70 euros por cabeza con un par de botellas de vino de la cercana zona de Méntrida, recomendadas por el amable sumiller que nos atendió y nos recomendó de maravilla.

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70 euros disfrutados céntimo a céntimo y que te hacen recordar el valor relativo del dinero. ¡Cuántas cenas en Vips, Foster´s Hollywoood y demás tugurios salen más caras!

Antes de pasar a reseñar lo que comimos, un pequeño apunte de decoración y estilo,  nuestro momento Hogar & Jardín de los artículos. La sala está dividida en dos pisos: de marcado acento tradicional y con objetos homenaje a la gastronomía local y las labores del campo el inferior y con un toque más moderno el superior, donde nosotros comimos. Siendo un lugar agradable y luminoso, permítasenos la osadía de comentar que quizá sea mejorable la decoración, que peca a nuestro humilde entender de batiburrillo de estilos y referencias.

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Salón superior de El Bohío. Fotografía extraída de http://www.abc.es

Superados los preliminares vamos, ahora sí, a lo nuestro, que es como dice mi abuelo (castellano-manchego también): MOVER EL BIGOTE.

.- El banquete comenzó con los snacks de bienvenida, que por la fobia de mis compañeras comensales a los productos del mar fueron uno más de lo normal, ya que Diego, el jefe de sala, fue tan amable de sustituir los aperitivos con pescado por otros diferentes e igualmente ricos. De esta manera pudimos probar un bocadito de ensaladilla y otro de mortetuelo en una espacie de mini-blini, una sabrosa crema de tomate y queso, un delicado crujiente de corteza de cerdo y unas rocas de sésamo y chocolate con una textura y un sabor fascinantes, y que se llevaron la primera oreja de la tarde.

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.- Después de este prometedor comienzo continuamos con las tapas: “piquillo, mango y anchoa” (sustituido para las alérgicas a las aletas por  una sopa de nabo y puerro), “ensalada de foie gras y sardinas saladas” y”guiso de garbanzos y setas”.

La primera tapa, que ilustra este artículo, destacaba más por su presentación, brillante y colorida, que por su sabor. A pesar de eso, la anchoa resultó exquisita y la mezcla no desentonaba, aunque faltaba un último empujoncito.

Su sustituto para las alérgicas al pescado fue, como os decíamos, una sopa de nabo y puerro. Muy fina, elegante y con un nivel de sabor sorprendente pero que no quedará para siempre en nuestra memoria, ni se lo pedíamos claro, el mérito está en hacer de un concepto humilde un plato a la altura del resto.

A la que no le faltaba nada era a la ensalada de foie y sardina, muy potente a la vez que equilibrada. No hay nada que le siente mejor al foie que sabores muy salados, y si además añadimos la textura del bizcocho que servía como base el resultado es fantástico.

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Ensalada de foie gras y sardinas saladas

La tercera de las tapas dejaba ver el lado más casero y tradicional de El Bohío, su buen hacer con los pucheros. Unos garbanzos al dente, un fondo sabrosísimo y concentrado y unas setas de temporada que le venían de perlas a la legumbre. Ya quisieran todas nuestras abuelas guisar así, las cosas como son.

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Guiso de garbanzos y setas

.- Para los principales tuvimos que decidir ente la opción de carne y la de pescado y nos dividimos, así que probamos ambos platos.

El “crujiente de bacalao al pil-pil” resultó un espectáculo. La untuosidad del pil pil pide a gritos un golpe crunchy (como le gusta decir a nuestro Petate) y en este plato ambas características estaban combinadas a la perfección. El pescado, como no podía ser de otra manera, era excelente y estaba cocinado en su punto justo.

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Crujiente de bacalao al pil-pil

La opción carnívora fue una “carrillera de ternera con alubias rojas”. Si bien la carrillera no suele ser algo que me atraiga a priori en un menú, he de reconocer que la combinación con alubias me resultó interesante desde que lo leí. Y resultó en la boca todo un éxito. Otra vez un guiso fantástico de legumbre pero que combinaba y dejaba protagonismo a la tierna y suculenta carne.

Muy difícil quedarnos con uno de los dos principales la verdad…

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La carrillera

.- Para acabar y como es de rigor llegaron los postres, para mí nunca de la importancia de los “salados” en un menú, pero que sin duda deciden con qué sabor de boca, nunca mejor dicho, sales de un restaurante.

En primer lugar el postre principal, “chocolate especiado con café”, que venía presentado como una tierra con diferentes texturas y colores. El sabor era sorprendente, con un toque intensamente especiado que destacaba sobre el chocolate y el café, como ya anunciaba su nombre, y que, aunque divertido e interesante, quizá resultase algo cargante por el tamaño del plato. Además, combinaba diferentes texturas, desde el polvo a los líquidos, pasando por rocas de diferente chocolates. Nos pareció un gran postre pero mejorable, ya que la textura polvo puede resultar un poco incómoda si se abusa.

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Chocolate especiado con café

El broche final con las “trufas de meregue y café” resultó ser de auténtico oro y solventó sin duda el pequeño tropiezo del primer postre. Una bandeja de riquísimos bocaditos dulces que no empalagaban y que nos confirmaron de nuevo que habíamos comido en un restaurante más que interesante que os recomendamos desde ya.

Ésta ha sido la crónica de nuestra visita a El Bohío amigos y amigas. Esperemos que os haya gustado tanto como a nosotros visitarlo.

Un abrazo y ¡salud!

Héctor.

 

 

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