El Pajar de Fuente Hernando: “abrígate” un buen cocido en la Sierra Norte

LLevábamos tiempo esperando que se instalara entre nosotros de manera definitiva el frío y la lluvia y que el invierno empezara a llamar a la puerta para hablaros de este templo del cocido. Porque aunque nosotros nos podríamos comer unas fabes en Agosto en Écija, sabemos que hay gente que no tolera los platos de puchero en verano.

Ya sabéis de nuestro eclecticismo gastronómico: le damos a la cocina de vanguardia, a la de mercado, a la de tasca, a la internacional… Y por supuesto le damos, y con mucho gusto, al cuchareo patrio. De entre los muchos guisos que componen el catálogo de la legumbre española , no podemos menos que quedarnos con nuestro cocidito madrileño; máximo exponente junto con los callos (ojo unos buenos callos también qué golosina…) de la tradición gastronómica capitalina, de la cual Morrete Fino, blog afincado como sabéis en El Foro,  se enorgullece.

En esta ocasión, además, este blog va a fomentar, sin que sirva de precedente,  el deporte y la actividad física. Y es que el restaurante que nos ocupa hoy –El Pajar de Fuente Hernando, calle Eras Chicas, s/n. 28742 Lozoya (Madrid) – está situado en plena Sierra Norte de la Comunidad de Madrid, destino ideal para una excursión de día o una escapada de fin de semana con el esquí, el senderismo, o los deportes de aventura como excusa.

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Para los que no lo conocéis, Lozoya es un pequeño pueblo situado a unos 50 minutos de Madrid, a orillas del Embalse de Pinilla, en plena Sierra de Guadarrama. Rodeado por los Puertos de Canencia, Navafría y a pocos minutos de Cotos, Navacerrada y Peñalara es destino rural y de naturaleza habitual entre los madrileños. Además, y entre nosotros, es un pueblo cojonudo: bonito, tranquilo, lleno de bares y restaurantes estupendos como el que nos ocupa, con unos paisajes de película y con unas gentes de primera. Os prometo que es todo verdad, pero antes de que alguno salte confesaré que además de todo lo anterior, también es mi pueblo adoptivo-conyugal.

Tengo claro que tras esta introducción ya habréis planificado vuestra visita a la sierra en los calendarios del móvil, pero por si acaso hay algún urbanita impenitente al que le da miedo alejarse más allá de Alcobendas, vamos a relatar con detalle la comida que le espera en este restaurante para que no se lo piense más.  Y es que os aseguramos que el cocido de El Pajar de Fuente Hernando no es un cocido cualquiera; es un cocido cocinado en puchero de barro, con lumbre de leña y a fuego lento lento (24 horitas de nada, así que como es lógico hay que reservarlo con antelación). Auténtica tradición rebosante de gusto en un antiguo pajar rehabilitado que le dará a la comida un toque rústico y acogedor.

Vamos pues a lo importante ya. El asunto se sirve en dos fases:  En primer lugar la sopa, en su olla de barro, para ir abriendo boca y con cantidad de sobra para repetir, como ha de ser. Momento cumbre del cocido para algunos, entre los que me encuentro, e introducción al festín posterior para otros, la tradicional sopa de fideo fino nos resultó sabrosa y con cuerpo.

Una vez calentado el cuerpo y con el estómago segregando ácido a litros, llega la estrella de este cocido: el bandejón de garbanzos, verduras y carnes, la peor pesadilla de un amante de la dieta paleolítica.

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Para acompañar este momento orgásmico llega a mesa también un platito con una salsa de tomate y ajo, las tradicionales bolas de pan y las también inevitables guindillas verdes. Muy recomendable para aderezar las garbanzos la salsa de tomate, con un toque especiado fantástico.

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Como todos las comidas copiosas y abundantes, este cocido necesita y merece ser degustado con sosiego, probando de todo un poco (ahora un  poco chorizo y tocino con pan, ahora unos garbanzos con repollo, ahora tres platos de sopa…) y con la perspectiva de una sobremesa o una siesta detrás. Para acompañarlo no os liéis, o un buen vino o un poco de agua, nada de bebidas gaseosas que os llenen. Nosotros bebimos el vino de la casa y es más que aceptable para acompañar sabores tan potentes.

En cuanto a abundancia os advertimos que no es el cocido más exagerado que hemos comido, aunque ni mucho menos se puede decir que fuera escaso. No obstante, para aquellos llamados héroes, existe la posibilidad de compartir unos entrantes previamente- desde aquí os recomendamos las croquetas de Cabrales especialmente- o de terminar el banquete con unos postres. En este capítulo hay que destacar las croquetas de chocolate líquido y, sobre todo, el flan de queso, de una deliciosa untuosidad.

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Croquetas de chocolate líquido

Con todo, el precio por persona debería rondar entre los 30 y los 40 euros, dependiendo de bebidas, entrantes, postres y demás complementos, ya que el precio del cocido por persona es de 24 euros.

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Flan de queso

No queremos cerrar esta crónica sin comentar que para aquellas “personas”, por llamarles algo, a las que no les guste el cocido, el restaurante tiene también una valorada carta de arroces, carnes y raciones como alternativa.

No hay excusa queridos: deportistas, amantes del turismo rural, tragaldabas, madrileños hartos del bullicio y los restaurantes modernitos… Todos estáis llamados a probar “el cocido de Lozoya”.

Buen provecho y ¡salud!

Héctor.

 

 

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