Decimos “Willkommen!” al otoño en Fass

Ajeno al paso del tiempo, de los alcaldes y alcaldesas, de las modas que durante sus 35 años de vida han transformado Madrid;  en la esquina entre la calle Rodríguez Marín y la avenida de Concha Espina, se encuentra nuestro protagonista de hoy: la cervecería alemana Fass.

De entre los miles de clientes (entre ellos muchos madridistas que antes o después del partido pasaban a abrevar ilusionados camino del Bernabéu o a celebrar antes de volver a sus casas) hay uno que me acercó a mí a sus puertas: Aquí solía echar los ratos libres entre clases (o durante las mismas) mi padre, estudiante de enfermería del cercano Hospital de San Rafael en los últimos años 70. Hoy, mi familia y yo nos acercamos de vez en cuando a disfrutar de los  encantos que Fass continúa exhibiendo , lamentando que no pueda acompañarnos pero disfrutando de este acogedor restaurante como lugar de recuerdo y celebración.

No os preocupéis que hasta aquí llega el tono nostálgico y emocional. Porque si para mí este lugar es algo especial, estoy seguro de que para vosotros al menos será un lugar donde tomar unas buenas cervezas y ponerse como un buen bávaro de esos que suben el PIB de la Unión Europea tres puntos por cada uno que lo bajamos nosotros.

Aunque el tiempo no parece haber pasado para esta cervecería, no alarmarse que el local cuenta con una reciente reforma que lo hace acogedor ( madera a cholón  en las paredes y las mesas) y rústico a la par que actual. Sus grandes mesas con bancos y sus diferentes salones, a cual más sorprendente, lo hacen ideal para una celebración con amigos o un cumpleaños familiar, que ya está bien de pringar a las madres/abuelas/suegras (rara vez cabe aquí elemento masculino por desgracia) cuando de festejar algo se trata.

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Detalle de uno de los salones

También dispone de una barra de esas de echar la noche charlando con un amigo o amiga al compás que van marcando las jarras que trae la camarera.

Eso sí, os advertimos que la carta de cerveza no es para ponerse las gafas de cerca, pocas pero de buenos grifos y de los obligadas variedades lager, weissbier (de trigo) y tostada.

Lo que sí os hará poneros las gafas y dudar hasta el aburrimiento de vuestros acompañantes es su extensa carta. Platos clásicos de la cocina bávara-alemana, guisos de origen alemán que no espera uno encontrarse (“pasta casera alemana”) y algún guiño healthy para que los vigoréxicos no se sientan incomprendidos.

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El salteado de ternera y champiñones con patatas

Pero se trata de eso, meras anécdotas en un mar de propuestas que les ganan por goleada: codillos, salchichas de todo pelaje, parrilladas de carne, salteados de ternera con deliciosas salsas hipercalóricas, ensaladas a la alemana – de patata, col, arenques… vamos, sin verde-, omnipresentes patatas…  Una exhibición de músculo gastronómico que se nos hace muy adecuada para estos días en que el frío empieza a asomarse y el reinado del gazpacho toca a su fin. Pero nos preocupéis si sois de los de terraza 24/7 o si vuestra primera visita a Fass es en la Primavera- Verano 2017, ya que dispondréis además de una tranquila y amplia terraza exterior.

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El salchicheo

Nuestra experiencia nos anima a recomendaros algún plato concreto que se sale del inexcusable codillo (lo tienen cocido, como lo conocemos habitualmente y asado como a un servidor le fascina desde que lo descubrió en Múnich, aunque este último solo en temporada de Invierno, y nunca hemos logrado pillarlo) y las salchichas: el surtido de ensaladas alemanas, el escalope vienés (que sí , que es un filete empanado, pero pídelo a ver si te arrepientes) o los magníficos aros de cebolla a la cerveza.

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Aros de cebolla TOP

Mención aparte merece para mí la sección de la carta “Kartoffelen & Co”. Un filón inagotable de placer -con su Beef Potato, sus knödel y su cazuelita de sachichas y patatas con bechamel- a la par que un pozo de malas noches estomacales que, como si de un buen amigo se tratase, he perdonado y olvidado: no tenían mala intención esas inofensivas patatas…

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Beef potato, orgásmica patata

Para acabar, os animamos a pedir los típicos bretzel de pan (que sirven con mantequilla) para acompañar. Como en toda relación, mis ánimos hacia el bretzel han fluctuado entre el amor y el hastío , encontrándose ahora en un punto álgido, Fass mediante

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Intimando con el bertzel

Me gustaría hablaros de los postres para acabar, que es lo que toca, pero nunca he llegado en disposición de pensar en comida a este punto, así que eso os lo dejo a vosotros cuando vayáis queridos morretes: contadnos qué se come de postre si sois capaces de llegar.

En cuanto al asunto pecuniario no os alarméis por la localización de la cervecería que la cosa no os saldrá por un pico. Ya sabéis que un buen morrete no se aleja de sus dominios si no es con la certeza de que la cuenta no desbarajuste nuestras cuentas mileuristas.

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Por 25 euros os pondréis como El Tenazas y por un poco menos come el 80% de la población madrileña. Vosotros no que ya sabemos que sois de darle con ganas a la pitanza. 😉

 

Un abrazo y ¡salud!

Héctor.

 

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