La Polanesa, “al otro lado del Telón de Acero”

Por estas fechas, hace cosa de un año, nos hallábamos mi chica y yo preparando nuestras vacaciones en Polonia y soñando con nevadas, ventiscas e inviernos duros que, aunque solo fuera en el terreno de la imaginación, nos sacaran por unos minutos del caldero que en que se había convertido Madrid en el mes de Julio (¿os suena?).

Un año después las recordamos como unas de las mejores que hemos tenido y en parte tiene  que ver con su gastronomía, que al final esto es un blog de comer , no de viajes.

Uno viaja a Polonia por su historia, por su naturaleza, por la belleza de Cracovia, por la fascinante reconstrucción de Varsovia, para conocer como ve su pasado un pueblo sometido a toda clase de desventuras históricas… Y cuando vuelve alaba todo eso en las conversaciones con los amigos, pero al final añade: ¡y ojo como se come en Polonia!

Pensábamos que pasando el mítico “Telón de Acero” (que ya si acaso se podrá considerar un estor de Ikea, con Polonia en la OTAN y la UE) la gente se dedica a comer patata, repollo y remolacha en preparaciones insípidas y sopas diluidas, y aunque los ingrediente estrella  en general son éstos , las preparaciones y el nivel general de sabores que te encuentras es sorprendente.

Así que nostálgicos como somos no desaprovechamos la ocasión de descubrir un restaurante donde comer auténtica comida polaca en los madriles: La Polanesa (c/Narciso Serra 3, junto al Retiro y Atocha). Además nos acompañaron dos amigos que también habían visitado hace poco el país y regresaron tan emocionados como nosotros.

Entramos por la puerta con una idea en la cabeza : PIEROGI. No olvidéis esta palabra. Los pierogi son una pasta rellena que recuerda a la pasta italiana rellena ligeramente, y sobre todo a los tan de moda dim sum asiáticos. Los rellenos son variados pero giran en torno a la patata, la col, el cerdo y el queso. Se sirven cocidos o bien cocidos y luego fritos en mantequilla y acompañados de cebollita (aparentemente) caramelizada o salsas a base de nata. Una auténtica delicia que no podéis dejar de pedir cuando lleguéis. Nosotros pedimos dos platos diferentes de ellos y eran exactamente como los recordábamos.

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Pierogiiiiiiiiii

Si te gustan te puedes llevar bolsas de ellos congelados a casa, ya que el restaurante cuenta con un pequeño colmado donde venden variados productos de origen polaco.

El caso es que hasta que no vimos los pierogi en la carta no respiramos tranquilos y pudimos apreciar el resto de detalles a tener en cuenta en la visita en La Polanesa :para empezar, la decoración del lugar te leva a un limbo temporal entre la casa de tu abuela cuando eras crío y la versión polaca de Cuéntame (te imaginas a un Toni de 100 kilos y pelo a cepillo comiendo en esas mesas con ganchillo y planeando alguna acción contra el Gobierno comunista).

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Cuéntame cómo te ha ido por Varsovia

La carta, por su parte, no olvida ninguno de los puntales de la tradición polaca : sopa Żurek, Oscypek (queso de oveja ahumado y frito); ensaladas de arenques, col o remolacha; Gołąbki ( carne picada especiada envuelta por hojas de col y con salsita de tomate); Bigos (guisito de carne y repollo, fuertecito pero delicioso) o la salchicha polaca por excelencia, kiełbasa. Y en cuanto a la bebida, no falta una enorme variedad de cerveza que es una muestra de la extendidísima pasión polaca por la cerveza.

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Ensalada de remolacha, auténtico sabor centroeuropeo

Ya veis que el panorama era inmejorable, así que nos decidimos por los mencionados peirogi por partida doble, la kiełbasa, la ensalada de remolacha y el gołąbki junto con una variedad de cervezas de la tierra y a disfrutar.

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Rolllitos polish style

Para los postres nos guardamos un poquito que nos permitió degustar una tarta de manzana y otra de queso de alta contundencia y el inevitable momento vodka.

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La tarta de manzana

Los hay secos y potentes y también aderezados con frutas, hierbas y demás. Os recomendamos no perderos este momento, parte de la cultura polaca sin duda.

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El montante final nos sorprendió por escaso, así que si comes bien, en abundancia y sales por menos de 20 euros, la tarde sale redonda.

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La cuenta, conjuntado con la decoración vintage

No nos queremos despedir sin mencionar el trato exquisito y familiar que nos otorgaron los camareros de la casa: atentos, amables y rápidos, nos recordaron la sensación que tuvimos cuando pudimos  charlar con algún polaco durante nuestras vacaciones.

Larga vida a La Polanesa y ¡salud amigos!

Héctor.

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