El menú del día se globaliza en La Rodaja

Como bien sabéis por anteriores artículos en esta casa somos fieles defensores del último bastión tradicional que queda en pie en el panorama gastronómico actual: EL MENÚ DEL DÍA. Ese concepto que sienta a la misma mesa o al menos casi por el mismo precio al CEO de una “startup” que en unos años amasará una fortuna y al CEO de los pintores que hacen la reforma del edificio de enfrente del restaurante. Democratización señores.

Nos gusta porque además de permitirte comer fuera y ahorrarte la tartera y su preparación el día anterior, sirve para  descubrir sitios magníficos a los que luego puedes volver a comer de carta y explorar más tranquilamente su cocina.

Éste es el caso de La Rodaja, un pequeño  y sencillo restaurante mexicano situado cerquita de la plaza de toros de Las Ventas, en el barrio de Fuente del Berro (cuyo parque homónimo os recomendamos conocer). Y es que el concepto de menú del día ya no solo se asocia a guisos tradicionales españoles si no que muchos restaurantes temáticos o internacionales lo incorporan a su carta para captar a clientes en las mediodías entre semana.

Si pasas por delante sin conocerlo no creo que entres a no ser que seas de carajillo y tragaperras: su fachada tiene menos atractivo que un discurso de Rajoy. Por dentro la cosa tampoco es pura vanguardia, su decoración no va a ser portada de Casadiez el mes que viene pero es un buen síntoma de los tiempos globalizados que vivimos. En ella Suecia y México sellan una improbable alianza a través de sus muebles Ikea y sus diversos elementos decorativos de la cultura y la tradición del país centroamericano.

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Pues bien amigo, si eres un verdadero Morretefino no dejarás que estos detalles superfluos te echen para atrás cuando, empujado por esta reseña, te animas a atravesar sus puertas. Y si te entran dudas repite en voz alta “9 euros, 9 euros, 9 euros”. Porque es el precio de su menú del día, que un servidor no fue capaz de terminarse.

Además del precio (que sigue siendo bajo en calidad-precio si te decides por comer o cenar de carta) el atractivo de La Rodaja es que vas a comer platos mexicanos caseros que están bien ricos y en un ambiente de sencillez y cercanía que se agradecen. Una casa de comidas de las de antes pero a la mexicana. Y si tienes pavor a pasarte la tarde en los tres metros cuadrados de tu baño por el picante no te preocupes: el tema de los aderezos va al gusto, y tienen material para satisfacer desde al españolito al que el perejil le parece una especia “que camufla el sabor de los alimentos” hasta  al mexicano que hace las escenas en que el dragón de Juego de Tronos escupe fuego.

Una vez ha quedado claro el contexto en el que nos movemos, os vamos a pasar a contar como fue el menú del día que nosotros comimos. Antes de empezar con él, la camarera nos obsequió con un pequeño aperitivo de totopo (los nachos) con una pasta muy rica de frijoles negros.

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La comanda fue: nachos combi y chili con carne (servidos con los omnipresentes totopos de maíz) de primero.

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Sin duda los triunfadores de esta primera parte fueron los nachos, que aderezados con queso, guacamole, pico de gallo y salsa verde ( ésto es lo que supimos identificar…) estaban realmente deliciosos, destacando por ese contraste de crujiente del totopo con la textura suave de queso y salsas. El chili con carne tenía el gusto de un guisito hecho en casa , con sus frijoles y la carne en su punto, y no estaba nada fuerte, pero al tercer viaje se hacía un tanto pesado. Se nos antoja un plato más para compartir entre varios que como un primero.

Y de segundo cazuela para tacos de cochinita pibil y quesadilla de pollo.

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La cazuelita de cochinita pibil

Los segundos por su parte estuvieron ambos al mismo nivel, gustos aparte. La cochinita pibil (debilidad del abajo firmante) estaba auténtica y me tuve que comer cuatro tacos que a media tarde andaban pasándome factura. El guacamole que incluyen en la cima ayuda a que el plato no se haga seco, un problema que con la cochinita puede ser frecuente.

La quesadilla de pollo no diría yo que tuviese la cantidad de queso que uno se imagina en una “quesadilla” en su ignorante imaginario de la gastronomía mexicana, pero a cambio estaba rellena de un jugoso y sabroso guisito de pollo deshilachado que entraba solo.

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Para los postres no me quedaba mucho espacio así que opté por el socorrido café. Mientras mi acompañante, curtida en mil batallas, supo reservarse para un bocadito dulce de tarta de fresa.

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Advertimos que los postres del menú no parecen una delicia, pero oímos recitar los de la carta a una mesa contigua y suenan muy atractivos y sorprendentes, habrá que probarlos en el futuro.

En resumen, por 9 euros nos pareció un chollo absoluto por cantidad, calidad y sabor.

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” La Dolorosa”, menos dolorosa que nunca

Lo que tenemos ganas es de volver y probar algunos de los platos del menú o de la carta normal que nos quedaron en el tintero: chilaquiles, tacos al pastor, tinga de pollo… Y paro que a alguno se le va a joder el teclado con la saliva.

Espero que os guste si lo probáis amigos.

¡Salud…y viva México cabrones!

Héctor.

 

 

 

 

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