Royal Cantonés: auténtica comida china en la República Popular de Usera

Si en nuestra querida a la par que denostada piel de toro, con sus 45 millones de habitantes, conviven diferentes gastronomías que influenciadas por clima, tradición histórica, productos de cercanía y sensibilidades, son una de las piedras en que se apoya el sentimiento nacionalista o al menos regionalista de los españoles; es de esperar que cuando hablamos de comida china estamos englobando mil y una formas y tradiciones de cocinar. Como mil son los millones de chinos que la consumen, que se dice pronto. Si a todas esas cocinas regionales añadimos la china-occidental que tan bien conocemos, tenemos un panorama en que nos es imposible definir o acceder a una gastronomía china que podamos calificar de auténtica o “de verdad”.

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Popular Republic of Usera

Porque si el principal y casi único fin actual de salir a comer es el puro placer, también lo es en ocasiones la curiosidad y la inquietud por conocer culturas y viajar a través de la mesa. Y en el restaurante que hoy nos ocupa (Royal Cantonés, calle Olvido 92, en Usera) se combinan ambas características a la perfección. Vas a comer como un emperador por cuatro duros y encima vas a poder fardar de que tú sí has comido en un chino chino. En concreto en un chino cantonés. Según dicen los que saben, la cantonesa es la reina de las muchas cocinas chinas por su respeto a los sabores y su sutileza: apenas usa picante ni azúcares y tiene como principales atractivos los fantásticos dim sum y sus salteados a fuego fuerte con aromas de jengibre, soja fresca, salsa de ostras, cebolleta china etc. La carta de Royal cantonés se parece bastante a todo ésto, como vamos a ver en unas líneas.

Antes hay que reseñar que el restaurante no te va llamar la atención por su fachada ni su decoración interior, semejante a los otros cuatrocientos chinos que pueblan todos los barrios de Madrid. Si entras sin haber leído esta reseña o cualquier otra crítica antes (es decir, de puta casualidad) el primer signo que te hará comprender que la suerte está de tu parte es que las paredes del local están llenas de fotos con Juan Echanove. Un tragaldabas de ese calibre, que se ha permitido el lujo de hacer un programa de televisión poniéndose como Las Grecas y repartiendo orgasmos por los mejores sitios de España , es una garantía de éxito cuando de recomendar un restaurante se trata. Y si bien la decoración no es lo mejor de Royal Cantonés, el trato siempre es amable y atento, no te miran mal si pides cubiertos y te recomiendan los platos más brillantes de su larguísima carta.

Pero el trato, la decoración y el ambiente son auténticas pijadas cuando te enfrentas a un restaurante de barrio como éste. El asunto importante es que se coma bien y en abundancia. Y para ello nos llevamos a una cuadrilla de garantías,auténticos miembros de la nomenklatura de Morretefino para que nos ayudaran en la cata y disfrutaran con nosotros de los manjares.

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Tsingtao, la Mahou de los cantoneses

La comanda que enviamos para cocina fue todo un documento de consenso y síntesis. Elegir de entre ese mar de propuestas unos cuantos platos que contemplen y respeten los diferentes gustos y sensibilidades de cada comensal a la vez que den una idea fiel de la cocina del restaurante es una tarea a la altura de una negociación del Consejo de Seguridad de la ONU.  Pero cuando hay hambre y ansia todo va más rápido, y al final, nos decidimos.

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Arroz glutinoso envuelto en flor de loto, bollitos bao, tofu y costillas agridulces. Así, pa´empezar

La única sección que es bandera de la casa y no trabajamos es la de “asados”, dejando abierta una vía importante a explorar en el futuro. Del resto de secciones intentamos dar buena cuenta. Los platos de cazuela estuvieron bien representados por las fantásticas berenjenas guisadas con carne picada y ese magnífico sabor a jengibre y el tofu- también con carne picada- que gracias a esta receta pasa a ser considerado por un servidor un alimento digno de ser considerado tal. No podían faltan los dim sum en sus diferentes estilos, en nuestro caso unos bollitos bao rellenos de pato y boletus y unos  jugosísimos canelones de ternera al vapor; ni los platos vegetarianos para nuestra querida Henar ( verduras de flor amarilla al wok -discretas- y arroz glutinoso envuelto en flor de loto al vapor – de un sabor tirando a dulce y una textura sorprendente que solo pueden generar amor u odio, pero mayormente amor-).  Para completar el pedido tenía que haber algún homenaje a los chinos no chinos de toda la vida, que aunque ahora denostados nos han dado y nos darán grandes momentos de felicidad; pero tranquilos, el arroz tres delicias y la salsa agridulce ( en este caso con costillas de cerdo y verduras) de Royal Cantonés nada tienen que ver con los que estás acostumbrado a comer, juegan en otro liga. Pensaréis que la comida ya nos iba a quedar bastante contundente pero aún faltaba uno de los reyes de la carta, la atrevida cazuela de tendones de ternera guisados que junto con la ensalada de medusa y las tripas de oca forman el triunvirato de la cocina para gente sin escrúpulos. La untuosidad y sabor de los tendones hemos de decir que son magníficos, a la altura de un plato de los mejores cortes de la ternera ojo.

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La batalla del Ebro

Con semejante banquete, regado con cervecita china, y admirados por la fascinante atracción de nuestra mesa giratoria entramos en un periodo de nirvana que culminó con la carta de postres, que si bien no resultan desagradables ni molestos no destacan por tener un sabor a la altura de la carta salada. Pedimos bollitos dulces con nata montada, pasta dulce de soja roja y pasta mala, éstos dos últimos unos bollitos bao dulces que no desbordaban sabor. Los bollitos dulces con nata montada sin embarga resultaron algo más interesantes. De otra visita recordamos con agrado las tartaletas de huevo, una versión de los pasteis de nata portugueses, que os recomendamos.

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Dulces chinos, té y orujo para hombres de pelo en pecho

El recomendable ritual finalizó con una ceremonia del té a lo castizo y el momento licoreta con que toda comida debe acabar. El inexcusable chupito “que invita la casa” se convirtió en este chino en una agonía de la que nadie supo salir airoso. Lo que nos imaginábamos como un licor dulzón y agradable se tornó en un orujo chino de 50º que debajo de esas toneladas de etanol sabía a flores. Muy auténtico pero inabordable.

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La cuenta, a lo Star Wars

Ni por esas consiguieron nuestros boquinos olvidar el festival que habíamos disfrutado. Lo más sencillo sería decir ahora que nos encantó y que os lo recomendamos, pero eso ya lo sabéis después de leer esta oda. Como último y definitivo argumento os dejaremos la cuenta, que habla por sí misma.

抓住同志

¡Salud!

Héctor

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” Asina” te vas a quedar
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