Vinolio, un Morrete allende la M-40

Aunque leyendo este blog no lo parezca, os podemos asegurar a los que no vivís en Madrid que existe vida (y mucha) más allá de los límites de la M-40, la carretera de circunvalación que a grandes rasgos se puede decir que separa la capital de las ciudades aledañas.

Una de estas ciudades es la de Coslada, situada al este de la Comunidad y que casi es la prolongación del distrito de Vicálvaro. Por razones laborales (y ya sentimentales) he estado unido a ésta durante los últimos años, lo que, como no podía ser de otro modo, me ha llevado a visitar en bastantes ocasiones algunos de sus bares y restaurantes. ¡Qué iba a ser la vida si sólo conocemos de una ciudad nuestro trabajo!

Así que era cuestión de tiempo y de justicia que hiciéramos un hueco aquí a Coslada y a los cosladeños. Y para ello vamos a hablaros de uno de los restaurantes más populares entre ellos, el Vinolio (Paseo de las Acacias 1, 28821,  Coslada).

Se trata de un restaurante de cocina mediterránea y de mercado que tiene como estrella de su carta los arroces. Pues bien, nosotros vamos a cenar y no pedimos ni uno: con dos cojones. Y encima cenamos bien. Así nos lo montamos. Bueno, os decíamos que el restaurante es amplio, con varios salones y un gran espacio de barra, y con una decoración de estilo sencillo con el blanco y el verde como protagonistas. 


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A estas alturas ya sabéis que la especialidad de la casa son los arroces. Además, tienen una amplia oferta de carnes y pescados. En un triple salto mortal tampoco hicimos caso de ésta (y mira que tenía buena pinta) e insisto que cenamos de maravilla.

Y es que Vinolio ofece la posibilidad de cenar o comer unos arroces y unos principales a precio más a o menos asequible (mis cálculos lo dejarían en 35-40 euros por persona) pero también la de hacerlo con la carta de tapas y tostas, que se ajustaba más a nuestro espíritu y a la ocasión: una cena de confraternización laboral. En estas cosas siempre es mejor que la comida acompañe una buena charla y al cachondeo , y el picoteo se presta más a eso que una chuleta de kilo y medio con patatas o una merluza en salsa verde.

Así que tomado el camino del ahorro, nos dedicamos a pedir como locos. El resultado fue unas raciones de entrante (croquetas, chipirones y carne con chimichurri y patatas) y unas tostas de elección particular. Las croquetas puedo decir (más de un mes después de la degustación ) que son de las mejores que recuerdo haber tomado. Si me lo preguntan en el momento de la cata no hubiese dudado en darles las tres estrellas Michelín con el calentón, y es que hay gente que no podemos ser críticos gastronómicos… Las pedimos de boletus, carabineros y jamón y fueron éstas últimas las que arrasaron sin discusión.

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Los chipirones y la carne rayaron también a gran altura, si bien el chimichurri era menos apropiado para una cena que una stripper para una comunión. Pero siempre hay héroes que sacrifican su descanso por un rato de goce para los sentidos.

Qué majicos los chipirones
Qué majicos los chipirones

En cuánto a las tostas cada uno mostró aquí sus querencias: carne, pescado, odio eterno a la verdura, la hamburguesa por encima de todo… La lista fue larga: hamburguesita, mojama con almendras, solomillitos de cerdo con brie y tumaca, bacalao… No pudimos compartir todas porque hubiese sido una oda al miniaturismo pero puedo decir sin miedo a equivocarme que el nivel y la calidad/precio era más que recomendable en todas. Mi elección fue la de ventresca con escalibada, ganadora sin duda en mi podium particular. Un hecho de justicia poética absoluta después de tantas y tantas comandas en que el plato del de al lado era mejor que el mío: que poco ojo he tenido siempre…

Collage de tostas
Collage de tostas

Para finalizar esta cena, que fue una demostración de buen hacer en el arte de compartirlo todo, no quedaba otra que los postres fueran un par de bandejas de postres variados que incluían las míticas tartas de chocolate, queso etc. , una variedad de helados y unos trozos de piña para los más “healthies”.

Batiburrillo azucarado
Batiburrillo azucarado

La cuenta se acercaba ya bastante a lo que unos bolsillos como los nuestros debemos soportar un día entre semana. Habíamos sido además generosos con el vino: unas botellas de Dehesa La Granja, la bodega manchega de Alejandro Fernández, escogidas de entre las decenas de referencias de una carta de vinos enorme en número, calidad y variedad. El caso es que la cosa estaba así perfecta para recoger el chiringuito y pensar quién se quedaba a por el gintonic de rigor. Pero no, nos faltaba ese brindis al sol que caracteriza estos eventos en que siempre hay uno que se enciende y los demás le jalean. Resultado: sorbetito de mandarina para todos, y más contentos que unas pascuas.

Momento SORBEte
Momento SORBEte

Y sin arroces, carnes ni pescados. Total, que muy bien pero nos toca volver. Pero con gusto, que Vinolio bien merece una visita de los cosladeños y de todos los que pasen por allí.

¡Salud!

Héctor

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