Cenador de Amós: Un viaje para recordar

Para todo en la vida hay una primera vez. Tu primera caña, tu primer beso, tu primera novia… Son recuerdos bonitos, momentos en los que no sabes si estarás a la altura. En esta ocasión era mi primera vez en un restaurante con estrella Michelin. ¿Me comportaré? ¿Pareceré Paco Martínez Soria cuando llegó a la ciudad? ¿Merecerá la pena aflojar la gallina por este menú? ¿Me quedaré con hambre? Todas estas preguntas me rondaban los días anteriores. El restaurante elegido para desvirgarnos gastronómicamente fue Cenador de Amós (Villaverde de Pontones, Cantabria). Llegamos con tiempo al restaurante y nos quitaron los abrigos. Primera gañanada al no saber reaccionar. Tras esto nos pasaron a un saloncito a tomar el aperitivo con dos cañas. Aquí ya estábamos como pez en el agua.

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Comedor (Foto de http://www.cenadordeamos.com)

Nos trajeron dos pequeños aperitivos: uno de queso y uno de tomate y unos chips de verduras deshidratadas. Yo como experto en Lay´s descubrí que llevaba mucho tiempo equivocado. Un snack crunchy podía ser de verduras y engordar menos de 500Kcal! IMAG1115 Aquí ya podíamos ver donde estábamos: Camareros elegantes, educación exquisita y un máximo cuidado por todos los detalles. Tras esto nos preguntó que menú queríamos y elegimos el menú Experiencia, lo que el camarero denominó “el viaje largo”. El menú consistía en los siguientes platos:

Menú degustación (Foto de www.cenadordeamos.com/)
Menú degustación (Foto de http://www.cenadordeamos.com)

Tras sentarnos, nos trajeron una bandeja de panadería con un pan casero exquisito y mantequilla para untar. El baile empezó con lo que podríamos denominar “los entrantes”: Comenzaron por traernos el Lomo de sarda en escabeche y la anchoa. Cómo servían era todo un ritual: Primero, cubiertos nuevos para cada plato; presentación del plato y explicación de cómo comerlo; la copa jamas tuvo menos de 10 cl ya que estaban atentos siempre para rellenártela. Detalles que hacían prever que el viaje iba a ser muy grande.

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Anchoa de Cantabria con Nigiri de pimiento y matices nori

El tiempo entre platos era de 5 minutos aproximadamente. Esto hace que puedas comerte los 13 platos del menú ya que en una hora, o tienes el estómago como la Maestranza, o mueres. Esto alarga la comida (en nuestro caso 3 horas), por lo que tienes que pensar que es una experiencia y no simplemente un acto fisiológico. Continuamos con la tortilla. Nos dijeron que había que comerla de bocado y así lo hicimos. De los sabores ¿Qué decir? Todo perfecto. Éste en especial fue uno de los que mas nos gustaron.

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Pincho de tortilla, cristales de patata

Siguió con un Cóctel de marisco y Lima que nos prepararon en directo para rematar con el carico montañés, sopa de maíz y tostada con cilantro y sal de quicos. Todo un espectáculo.

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Cóctel de marisco y lima

Y con esto llegamos a los “primeros”: Panaché de verduras de temporada, el menos triunfador de la tarde, puede ser por mi poca consideración al vegetal, pero cierto es que los sabores no tenían la misma intensidad que lo probado hasta el momento. Pero tras esto vinieron tres joyas: El arroz con bogavante, el timbal de huevo y el escalope. El arroz increíble, en su punto justo de dureza y con una potencia… El bogavante, tenía un sabor espectacular que demostraba que esta gente tiene palco VIP en la lonja.

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Arroz con bogavante

El timbal guardaba una sorpresa. Había que partirlo por la mitad y se derramaba la yema calentita del huevo que había en el interior, lo cual daba al plato un toque cremoso y caliente que acompañaba a la cobertura de tinta de calamar. Además del caldo que más de una vez tuve la tentación de meterle dos viajecitos con un trozo de pan.

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Timbal de huevo con cachón

Y cerraron con el escalope de molleja lechal con brotes vegetales. La carne se derretía en la lengua y yo en la mesa. Mis dudas se iban disipando y el precio empezaba a ser razonable.

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Escalope de molleja lechal con brotes vegetales

Tras cerrar los primeros llegaron los “jefes del menú”: El lenguado y el pichón. El lenguado he de decir que ha sido el mejor que me he comido en mi vida y fue mi plato favorito del día. Hecho al punto perfecto, sabroso y con la suavidad de la mantequilla hacían el plato una experiencia de verdad. ¡Qué palco VIP! ¡Estos tíos son los dueños de la lonja!

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Lenguado y mantequilla tostada, con espinacas

Para cerrar antes de los postres quedaba el pichón, Uno de los grandes esperados de la tarde. No defraudó y fue cuando nos dimos cuenta realmente de que estábamos probando algo diferente. El pichón podía hacer que se te saltaran las lágrimas pero cuando nos comimos las albóndigas lloramos de verdad. Explotaban en la boca derramando un líquido del cual todavía no se definir el sabor, ya que no había probado nada parecido nunca, pero que era algo delicioso. Tras rozar el orgasmo, nos sentimos apenados ya que solo nos quedaban los dos postres.

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Pichón, quinoa venere y albóndigas

Para rematar vinieron la crema de leche merengada, cítricos y eucalipto y el coco-tallarín, achicoria y bizcocho quemado. La crema vino de lujo ya que al ser helada hizo su aportación a la digestión posterior. El sabor de los cítricos daba la fuerza al postre pero era compensado con la suavidad de la crema. Un tándem perfecto.

Crema de leche merengada, cítricos y eucalipto
Crema de leche merengada, cítricos y eucalipto

Por último el coco-tallarín. Para nuestra alegría traía mas de “esas pelotitas que explotaban”  (en serio era increíble). El postre estaba marcado por la suavidad y también era muy frío. Lo cual tras una cantidad bastante grande de comida nos hizo irnos sin pesadez y no hubo que tirar de dopping gástrico.

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Coco-tallarín, achicoria y bizcocho quemado

Las dudas que tuve los días previos desaparecieron de un plumazo. Todos los platos eran de una elaboración impecable. Todos los ingredientes tenían sentido (aun siendo arriesgados algunos). Quiero remarcar el trato recibido. La amabilidad de la gente que trabaja allí nos hicieron sentir como en casa. Tras terminar nos pedimos un café y nos sacaron unos pasteles para terminar de disfrutar.Al final salió el cocinero a saludarnos y pedirnos nuestra opinión. Yo como buen embajador de MorreteFino le dí mi opinión crítica y maldije mi escueta nómina, culpable de la distancia entre ese mundo de sabores y mis papilas.

Petate.

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