Morruta Retiro: más bares que en toda Noruega

Como casi todas las ciudades y regiones de España, Madrid arrastra desde tiempos inmemoriales una serie de tópicos que se mezclan con su verdadera personalidad: ” Madrid recibe con los brazos abiertos a todos los que llegan a ella”, ” en Madrid no se pregunta de dónde vienes, ya te consideran un madrileño más”, ” tiene 300 días de sol”,  ” los madrileños creen ser el centro del mundo”, ” puedes salir de fiesta hasta un Lunes”… Y así un sinfín de frases hechas que contienen un porcentaje variable de realidad. Pero nuestros favoritos son aquellos que hablan del asunto hostelero: sus tapas, sus terracitas, su infinidad de bares… Y es que ya lo cantaba Sabina, “solo en Antón Martín, hay más bares que en toda Noruega”.

Pues sí, es indudable que no en demasiados sitios se puede salir a tapear con la variedad de oferta que se encuentra en Madrid. La calidad puede ser variable según el bar, el sitio, la hora o la estación, así que nosotros hemos decidido iniciar nuestra sección de Las Morrutas recorriendo una de los dos o tres zonas donde Madrid muestra que todos estos tópicos pueden convivir con la calidad y la innovación gastronómica: sin dar de lado a la tradición de las bravas y las alitas de pollo, pero yendo un poco más allá.

Esta zona podríamos delimitarla del siguiente modo, las manzanas que hay entre O´Donnell-Menéndez Pelayo-Ibiza y el hospital Gregorio Marañon. La lista de bares ilustres (y en su mayoría para bolsillos llenos) es infinita: Laredo, Carlos Tartiere, Arzábal, Marcano, O´Grelo… Así que tuvimos que elegir teniendo en cuenta los criterios de cercanía (un auténtico “morruter” odia andar entre bar y bar), moderación en los precios  y referencias previas vía internet, amigos, visitas anteriores etc.

Y el resultado fue de 3 bares, 210 m andados, 30euros menos y una noche de Martes laborable memorable.

Morruta retiro
Qué poquitas calorías vas a quemar andando amigo…

PARADA 1: LA CATAPA (calle Menorca 14)

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Para empezar con confianza , elegimos este bar-restaurante porque ya conocíamos cómo se las gastaban por allí. Taberna de aire clásico, público bien de mediana edad pero sin aires de grandeza, camareros de primera y tapeo de mención de honor: productos de temporada, mucho mar y mucha mano cocinera. Además, una carta de vinos pequeña pero apañada, cañitas bien tiradas y la tapa que nunca falta con tu bebida. ¡¡Qué más le puede pedir un morrete al destino!!

Así que sin miedo a equivocarnos, esta vez nos decidimos por unos vinitos, un par de pinchos de su afamada tortilla (no fue su mejor día pero no vamos a dejar de pedirla) y una ración de sepietas con alioli de tomates secos. La parte mala es que tuvimos que renunciar a unas zamburiñas que cuando las mirabas sonaba la Rianxeira o una ensalada de cardos y alcachofa que seguro que reconciliaba con la verdura a más de un prepúber. Pero esto es una Morruta y no te puedes fundir el presupuesto en el primer bar…

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¡¡Ay Ay las sepietas!!

El resultado como siempre fue magnífico, especialmente las sepietas con su alioli. Además no faltó la tapita de chistorra, que es en sí misma motivo de visita, ni una cesta de pan que es para llevársela a que la pruebe el chino del pan precocinado…

Así que con el pecho hinchado cual palomo salimos en busca del siguiente bar, que se encontraba a la escolifriante distancia de 100m.

PARADA 2: LA MONTERÍA (calle Lope de Rueda 35)

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El grupeto de enviados especiales éramos primerizos en este restaurante, pero la leyenda de que es imposible encontrar sitio en su barra los fines de semana es ya vox populi. Así que afrontamos la visita con altas expectativas.

Efectivamente el bar estaba hasta la bandera, aunque en un rinconcito nos acoplamos sin dar guerra. El ambiente es lo que primero nos llamó la atención, nosotros, elipeños de cuna y de corazón, nos sentíamos allí como De Guindos en un concierto de Soziedad Alkohólika… Pero eso no nos impidió hacer nuestros chistes y hacernos con la barra como hemos hecho siempre, qué coño. La estética del sitio es muy agradable, moderna sin ser fría, mucha madera…en fin, que era acogedor. Un camarero muy resultón rápidamente se dio cuenta de que no llevábamos trajes de alpaca ni pañuelos de Hermés y se hizo cargo de nosotros. La comanda constó de unos vinitos Tres Picos (garnacha de las bodegas Borsao, Campo de Boja, Aragón que ya conocíamos y apreciábamos) y dos platos para saciar nuestra vena carnívora: ragut de ciervo y rabo de toro deshuesado con patatitas.

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Una de ciervo oiga

Igual que os decimos que el ambiente no era el nuestro, hay que decir también que la comida sí era de la nuestra: estaba más que correcta. Las opciones de comer carne de caza bien guisada y tierna y un rabo de toro sabroso no son tantas… Además tampoco faltó la tapita con los vinos ni el pan de calidad , que siempre suben puntos. La cuenta, otros 10 euros por cabeza para poder seguir con la ruta: ni barato ni caro, bien pagado teniendo en cuenta las circunstancias.

PARADA 3: LA CASTELA (Calle Doctor Castelo 22)

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Para acabar con este guiño a la bohemia que es irse de vinos y bares por el barrio de Retiro un Martes nos dirigimos a La Castela, a 80 metros de la Montería, una distancia solo apta para runners.

Si la fama de La Montería era grande, la de La Castela no se queda atrás si te metes a investigar por internet o preguntas a gente que ha estado antes.  Pero en nuestra visita no cumplió con lo que se dice del bar, le daremos un voto de confianza e iremos a tomar una caña otro día, pero en esta visita no estuvieron a la altura de nuestras entrenadas e insaciables papilas gustativas.

De los tres era el de ambiente y aspecto más “bar”, con gente joven y en elque el ambiente de lío superaba al de degustación. Lo cual no es nada malo para nosotros, of course. A pesar de ser más de las 23 horas, aún quedaban cinco o seis grupos de personas que hacían un “tres cuartos de entrada”.

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Las pequeñas zamburiñas

Otra vez dimos con un camarero muy apañado que nos trató como a señores y nos trajo nuestra botellita de Somontano, una ración de zamburiñas y unas tostas variadas. El resultado fue muy decepcioante: las zamburiñas eran mediocres tanto en tamaño como en sabor y las tostas fácilmente mejorables: la de lacón con idiazábal y pimiento había sido secuestrada por el pimiento; la de brandada de bacalao era una ofensa a esos pintxos de brandada que se comen en Euskadi y la de foie con boletus , en fin, hizo disgustarse a más de uno: con el foie no se juega coño.

Un colofón que no hizo justicia a los otros dos bares y esperamos que tampoco a éste… Pero bueno, que nos quiten lo “bailao”, que habiendo buenos amigos y un chupito de pacharán, las penas se olvidan rápido.

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Aquí la “crew” Morretefino, con el invitado estrella Tabarras

Héctor

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Un comentario en “Morruta Retiro: más bares que en toda Noruega

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