Morrete Viajero: Córdoba y el gastrónomo de Onda Cero

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Córdoba. 7 de diciembre, puente de la Constitución. La ciudad hasta la bandera de gente. 4 de la tarde y los fundadores de MorreteFino sin comer. Bares llenos y, los que no, cerrando la cocina.

Éste era el desolador panorama que se nos presentaba el pasado fin de semana en Córdoba. Por un momento, me ví homenajeando al pasado árabe de la ciudad y entrando a un Kebab para saciar el hambre.

Pero de repente, a la salida de un restaurante que habíamos ido a preguntar y donde nos habían comentado que la cocina acababa de cerrar, la virgen se nos aparece con forma de hombre cincuentón y acento cordobés. A la salida del establecimiento, en una pequeña mesa con un par de taburetes, una pareja nos debe ver la carita de hambre que llevábamos y nos empieza a hablar. Les comentamos cómo está el panorama y, sin vacilar, el hombre, más majo que las pesetas, nos empieza a soltar una lista de recomendaciones por la zona (¡6 o 7 sitios!). Tomamos nota de alguno y se despide de nosotros como, ojo cuidado, “El gastrónomo de Onda Cero”. Nuestra suerte…

Es así como acabamos en una calle peatonal en la rivera del Guadalquivir cerca de la Plaza del Potro (C/ Enrique Romero de Torres, 7); uno de esos rincones escondidos con los que te sorprende la ciudad de los califas con cierta frecuencia.

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Se trata de un restaurante con una cocina tradicional de mercado que utiliza productos de la tierra pero en un local que respira modernidad por todos sus poros.

Éste tiene 3 ambientes: en primer lugar, una terraza exterior a pie de calle que se mezcla con las terrazas de los bares aledaños en un emplazamiento idílico con vistas al río; en segundo lugar, un patio interior para los días de más frío (que también los hay en Córdoba y dimos bien fe de ello); y por último, una fantástica terraza en la última planta del edificio perfecta para disfrutar de las vistas al Guadalquivir, el Puente Romano y la Torre de la Calahorra.

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Pasamos a la ingesta de alimentos. En primer lugar, la bebida. Nos decantamos por una cerveza artesanal de la ciudad: Cordobeer. Entre las tres variedades: ipa, trigo y pilsner, elegimos la última. Se trata de una cerveza lager de baja fermentación, pero con un intenso sabor. No apta para todos los públicos

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En cuanto a la comida, nos decantamos por picar con raciones de productos de la tierra. La carta es bastante amplia y existe la posibilidad, como en casi todos los bares de la ciudad, de pedir medias raciones o enteras. Los precios son bastantes asequibles:

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En primer lugar, comenzamos con salmorejo cordobés con jamón y huevo picado y chorrito de aceite de oliva (de Baena, por supuesto). Estaba cremoso y suave. Riquísimo. A veces las cosas más simples son las más ricas y ésta es una muestra.

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En segundo lugar, pedimos berenjenas fritas con miel de Montoro y dados de queso de cabra de Zuheros. También espectacular. La berenjena frita en tiras con una finísima capa de harina; el queso de Zuheros (solo también está espectacular) en dados pequeños para que cada vez que pinches cojas la cantidad exacta y no predomine sobre la berenjena; y la miel funcionando como el elemento de unión entre ellos. De verdad, la mezcla de los tres es espectacular. He probado este plato en otros locales de Córdoba y no hay color con la versión de La taberna del río.

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Para el tercer asalto tenemos un escuálido: Cartucho de marrajo frito (adobado en yuzu, miso y cilantro). Se trata un pescado de la familia del tiburón típico de Andalucía. El pescado estaba muy suave de sabor aunque con una textura quizás difícil para los poco amantes del pescado (alguna personilla hay por ahí…). En cuanto al adobo, aportaba poco sabor al plato y era demasiado ligero. Pasó sin pena ni gloria.

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Para terminar, fuera de la carta (en una pizarrita que tienen para platos del día) pedimos unos calamares fritos. Siempre digo que sólo hay un truco para cocinar un pescaito frito perfecto y éste es la capa de harina que lleva. Ésta tiene que ser lo más fina posible para que no se formen grumos ni absorba demasiado aceite; muy ligera, lo justo para que salga crujiente. Pues los calamares fritos de La taberna del río seguían lo anterior al pie de la letra. Estaban perfectos y muy ricos de sabor. Como si me los estuviese comiendo en la misma Tacita de plata.

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No quiero acabar este artículo sin mencionar la terraza de la planta superior a la que no subimos pero que, viendo las fotos de la página, tiene una pinta espectacular para tomarse una copa por la noche con vistas al río. Recomendamos ver las fotos de la web porque es impresionante. Queda pendiente para la próxima…

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Todo un descubrimiento en nuestro viaje este restaurante y todo un descubrimiento “El gastrónomo de Onda Cero”.

Lucena

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4 comentarios en “Morrete Viajero: Córdoba y el gastrónomo de Onda Cero

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