Picsa: una “porción” de Argentina en Madrid

Con motivo de la II Semana de la Gastronomía Argentina que se celebró en las última fechas en cuatro restaurantes de nuestra ciudad, nos decidimos a visitar un restaurante anotado en rojo en nuestra larga lista de PENDIENTES. Y es que si has viajado a Argentina y guardas gratos recuerdos del país , su gente, sus maravillas naturales… Los guardarás también de su gastronomía, y en esa categoría figura en un lugar de mérito su interpretación de la pizza.

Buenos Aires ( y el resto del país, nosotros pudimos disfrutar una gran pizza también en La Lechuza en El Calafate) está lleno de pequeñas y grandes pizzerías donde sentarse a devorar una pizza tamaño llanta de camión o donde comer apresuradamente en la barra una porción del día. El Cuartito, La Americana… A nosotros nos dio tiempo a visitar algunas pero seguro que algún bonaerense podría recitarnos decenas más

¿Pero la pizza buena estará en Italia no? !Qué dice este tipo de pizzas argentinas, si allí comen únicamente CARNE y DULCE DE LECHE! Pues no amigos, una buena pizza al estilo argentino no desmerece ( más bien supera para mi gusto) una pizza de masa fina al horno de leña hecha en casa de la nonna en su casita napolitana.

Y si no os fiáis de Morretefino, visitad con nosotros Picsa, situado en la calle Ponzano (la nueva meca de la gastronomía a tenor de la concentración de garitos que acumula) y abierto este último año con un éxito sin paliativos.

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De decoración urbana y con la opción de sentarte en la barra o unas cuantas mesitas bajas, domina la estancia el horno de leña que detrás de la barra recibe y devuelve pizzas como loco con la ayuda de esos artesanos armados con sus palas a los que cuando acabes de comer amarás sobre todas las cosas.

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Solventado el asunto decorativo-arquitectónico, pasemos a la reseña culinaria, que es donde este blog se disfruta.

La carta consta de unas propuestas a modo de entrantes (ampliada en nuestra visita con motivo de las jornadas antes comentadas) de inspiración italo-argentina en la que destacaban la fainá, el vitel toné, el escabeche de berenjenas o el fantástico paté casero que nosotros degustamos : cualquier parecido que encuentres con el que compras en el Alcampo será pura casualidad.

La foto quizá no le haga justicia y, tranquilos, viene con más pan que esa miseria claro, que por cierto, combina a la perfección con el paté haciendo una estupenda mezcla de cremosidad y crujiente.

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Pero la protagonista de la carta es , como está claro, la pizza (o “picsa” en porteño – y en vallecano- como se homenajea en el nombre del restaurante). De masa gorda y esponjosa a la par que crujiente  y llena de sabor, y coronada por montañas de queso e ingredientes de primera , tendrás que sacar tu lado bilbaíno si quieres comerte , no digamos una, si no media.

Te permiten la posibilidad de pedir una mitad de cada sabor (también de pedir porciones) así que nosotros nos decantamos por una mitad de la clásica porteña fugazza (nuestra favorita durante nuestro viaje a Argentina, cuya característica principal es que está protagonizada por la cebolla, en este caso cebolla morada) y la otra mitad de chorizo criollo y grelos, bien surtiditas de queso , que parece una de las claves de su éxito. El resultado nos pareció espectacular y  que por cantidad y sabor justificaba los 25 euros de media que vale la susodicha.

 

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Para ahondar en el tema precios, verdadera preocupación de Morretefino al entrar a un restaurante como defensor de la gastronomía mileurista , diremos que los entrantes y los postres (lo sentimos amigos, no pudimos llegar hasta ellos por motivos de pura salud) rondan todos los 5 euros.

Y no señores, Morretefino tampoco deja de lado nunca el tema bodeguero: la cerveza de barril es de la muy de moda La Virgen (versión lager o versión tostada, muy recomendable ésta y de nombre Jamoneraa); y la carta de vinos, por su parte, es sobradamente amplia para un sitio así y está compuesta básicamente por una combinación de referencias argentinas y españolas con alguna asidtencia italiana en los espumosos y los inevitables franceses. Cuidada selección de aire moderno y actual y precios moderados.  Además, y si sientes añoranza de la tierra, podrás acabar el homenaje con una sobremesa con licores argentinos e italiano que te transporten a miles de kilómetros de Chamberí.

Así que resumiendo: si tienes 20 ó 25 euros en el bolsillo, te gusta comer más que a un liberal privatizar empresas y quieres saber cómo es la pizza que se come en Buenos Aires, acércate a la calle Ponzano, ármate de paciencia para encontrar sitio para aparcar y para que te sirvan y pasa un rato excepcional en Picsa.

PD: Ojo que se sirven pizzas en versión take-away, puedes homenajear nuestra sección ” Hoy no me pongo el delantal” en tu casa y ponerte como si fueras el mismísimo Diego Armando.

Héctor

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Un comentario en “Picsa: una “porción” de Argentina en Madrid

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